9:37pm 7 de abril de 2014
Las decisiones desesperadas siempre dejan un mal sabor de boca.
A más de una semana de la llegada de la iglesia andante del pastor Reyes, los feligreses se habían incorporado muy bien a la comunidad de sobrevivientes de Daguao. En muchos puestos, los hombres y las mujeres de la iglesia se acomodaron, y sin esperar mucho, cocinaron, sembraron, cazaron, reconstruyeron, y se unieron a puestos de defensa y vigilancia. Julio Reyes, su líder, recorrió diferentes puestos, llevando comida y provisiones, ayudando en las cocinas, y plantaciones. Quizás tenía complejo de mesías, pero era un hombre inteligente. Rápidamente el pastor se había vuelto parte integral de la comunidad.
Ésta mañana vino a mi puesto. Trajo provisiones, revisó que todo estuviera en orden y me acompañó en mi vigilancia. Hablando, la conversación se convirtió en discusión amistosa. Y aunque nuestras vidas habían cambiado tanto, pocos placeres se pueden desperdiciar. Y una de ellos es discutir con un religioso.
-Porque dice en Deuteronomio: "No haya ramera de entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel”- me dijo el pastor, mientras discutíamos la homosexualidad.
-¿Pero eso no es del Viejo Testamento?- le pregunté, haciéndole la camita.
-Sabes algo de la palabra.-
-¿Pero no me había dicho el otro día que Jesús vino a abolir el Antiguo Testamento? -
El pastor me regaló una sonrisa que decía "Que cabroncito eres".
El sol del mediodía se acomodaba bien arriba mientras hablábamos.
-La ley de Dios no cambia, así como es de eterno.-
-Así que podemos tener esclavos, vender a nuestras hijas y entrarle a pedrás a quien se recorte los pelos de las sienes-
-No sea exagerado, hijo, es que hay que saber...-
El pastor Reyes tosió. Yo no vi eso como ninguna señal. Hasta que se rascó la nuca.
Mi mano voló antes de saber a dónde se dirigía. Cuando volví a mis sentidos, mi Beretta presionaba su frente y sus ojos me miraban con terror.
-Lo siento, pastor. Se tiene que ir.
-Pero, herman...-
-Hermano nada. Tiene que salir. de aquí.-
Al parecer alguien me vió apuntándole al pastor con la pistola y dió alerta. En seguida las inmediaciones del puente que es el puesto 0015 se llenaron de gente. Todos eran uno, criticándome, llamándome loco, que qué me pasaba. Cuando conté lo sucedido, como uno callaron. Se dividieron entonces, la comunidad y la iglesia.
Mi mano temblaba con la pistola en la frente de Julio Reyes, mientras un murmullo crecía entre la gente.
-¡Se tiene que ir!-grité.
Entonces la iglesia se levantó y comenzaron a gritar, maldecir y acercarse a nosotros agresivamente. Pero entonces, todos aquellos de la comunidad de Daguao que estaban armados apuntaron sus armas a la iglesia. Rifles, ametralladoras, pistolas, machetes, palos, tubos, hasta una pata de mesa, se estiraban frente a los feligreses de la iglesia del pastor Julio Reyes.
Un miembro de la Central se acercó y les dijo en voz clara, pero perturbada.
-Todo aquél que muestre síntomas de contagio, tiene que salir de Daguao. Se les dijo el primer día.-
Un grito de protesta trepó las gargantas de los feligreses. Pero del barullo surgió una voz, al otro lado de la Beretta.
-Quien quiera quedarse, que se quede. Esta buena gente nos ha brindado refugio, y sería una ofensa el arriesgarlos a contagio. Dios me protegerá y venceré este mal. En unas semanas, cuando sea claro que no estoy infectado, volveré. ¿Me aceptarán si vuelvo?-
Se miraron unos a otros y la voz ya conocida de Marcial dijo como para sí, sin embargo todos lo escuchamos.
-Si vuelve enterito que entre-
Todos miramos al pastor
-Lo siento- le dije mientras daba la vuelta. La iglesia se partió como el Mar Rojo, y parte caminaron entonando himnos de alabanza. El resto de la gente volvieron a donde se encontraban, sin siquiera uno mirarme.
Me quedé en mi puesto hasta que los perdí de vista. Y de nuevo, bajito, les pedí disculpas.
No sobreviví el 2012 pa' morirme ahora.
-Sabes algo de la palabra.-
-¿Pero no me había dicho el otro día que Jesús vino a abolir el Antiguo Testamento? -
El pastor me regaló una sonrisa que decía "Que cabroncito eres".
El sol del mediodía se acomodaba bien arriba mientras hablábamos.
-La ley de Dios no cambia, así como es de eterno.-
-Así que podemos tener esclavos, vender a nuestras hijas y entrarle a pedrás a quien se recorte los pelos de las sienes-
-No sea exagerado, hijo, es que hay que saber...-
El pastor Reyes tosió. Yo no vi eso como ninguna señal. Hasta que se rascó la nuca.
Mi mano voló antes de saber a dónde se dirigía. Cuando volví a mis sentidos, mi Beretta presionaba su frente y sus ojos me miraban con terror.
-Lo siento, pastor. Se tiene que ir.
-Pero, herman...-
-Hermano nada. Tiene que salir. de aquí.-
Al parecer alguien me vió apuntándole al pastor con la pistola y dió alerta. En seguida las inmediaciones del puente que es el puesto 0015 se llenaron de gente. Todos eran uno, criticándome, llamándome loco, que qué me pasaba. Cuando conté lo sucedido, como uno callaron. Se dividieron entonces, la comunidad y la iglesia.
Mi mano temblaba con la pistola en la frente de Julio Reyes, mientras un murmullo crecía entre la gente.
-¡Se tiene que ir!-grité.
Entonces la iglesia se levantó y comenzaron a gritar, maldecir y acercarse a nosotros agresivamente. Pero entonces, todos aquellos de la comunidad de Daguao que estaban armados apuntaron sus armas a la iglesia. Rifles, ametralladoras, pistolas, machetes, palos, tubos, hasta una pata de mesa, se estiraban frente a los feligreses de la iglesia del pastor Julio Reyes.
Un miembro de la Central se acercó y les dijo en voz clara, pero perturbada.
-Todo aquél que muestre síntomas de contagio, tiene que salir de Daguao. Se les dijo el primer día.-
Un grito de protesta trepó las gargantas de los feligreses. Pero del barullo surgió una voz, al otro lado de la Beretta.
-Quien quiera quedarse, que se quede. Esta buena gente nos ha brindado refugio, y sería una ofensa el arriesgarlos a contagio. Dios me protegerá y venceré este mal. En unas semanas, cuando sea claro que no estoy infectado, volveré. ¿Me aceptarán si vuelvo?-
Se miraron unos a otros y la voz ya conocida de Marcial dijo como para sí, sin embargo todos lo escuchamos.
-Si vuelve enterito que entre-
Todos miramos al pastor
-Lo siento- le dije mientras daba la vuelta. La iglesia se partió como el Mar Rojo, y parte caminaron entonando himnos de alabanza. El resto de la gente volvieron a donde se encontraban, sin siquiera uno mirarme.
Me quedé en mi puesto hasta que los perdí de vista. Y de nuevo, bajito, les pedí disculpas.
No sobreviví el 2012 pa' morirme ahora.
"que cabroncito eres" <----- jajajajaja!!!!!!!!
ResponderEliminarComo me rio de tu genialidad. Eso de la conversacion con el pastor"mesias" esta pasao.
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