12:19 am 23 de marzo de 2014:
Ésta tarde subiendo por la carretera que pasa por mi puesto, se escuchaban ruidos ennervantes.
El día había transcurrido como el resto y todo estaba tranquilo. El silencio permeaba como un mosquitero alrededor del puente sobre el río Daguao, que es el puesto 0015. Desde el pasado miércoles 20, aquel día de la muerte de dos de nuestros compañeros, no he hecho otra cosa que tratar de atar cabos. La forma en que los guardacostas asesinaron a Chenchi y al idiota de Miguel me pareció muy abusiva, pero la bomba incendiaria que tiraron después me pareció que cumplía como desinfectante. Muy rigoroso el tratamiento. Aquí hay algo más.
Entre todo lo que llevo pensando, algunos detalles me parecen que resaltan sobre el resto. Primero, obviamente la vacuna fué el agente de cambio. La primera gente que se infectó fueron quienes se vacunaron contra la influenza. ¿Qué había en las vacunas? Segundo, la movilización del gobierno para evacuar e imponer la cuarentena fué demasiado rápida. A sólo días de los primeros ataques ya el gobierno estaba movilizado y la mayor parte, fuera del país. A eso le sumamos el rigor de los guardacostas. Lo poco que sé apunta al gobierno. Ésto fué un error de gran escala o algo peor. Pero por el miedo en los ojos del presidente en su mensaje, deduzco que fué un error.
Me encontraba pensando en éstos detalles cuando un rumor se acercaba por la carretera. Un ruido claramente mecánico, un camión o algo así, con pisadas y gritos. Pensé lo peor y alerté a los compañeros de los puestos de vigilancia cercanos. Todos los que estaban cerca llegaron armados y a la expectativa.
Los minutos pasaron lentamente, la angustia de saber a qué nos íbamos a enfrentar era enorme. Al fin, se apareció en el camino una procesión de algún tipo de iglesia apocalíptica. Les dimos el alto y los confrontamos.
-¡Dios me los bendiga! Yo soy Julio Reyes, el pastor de esta iglesia que camina conmigo y mis hermanos y yo vamos llevándole la palabra a las almas que quedamos abandonadas en la tierra, llevando consuelo a los hermanos como ustedes, que sabemos que lo necesitan.
-Pastor, con todo el respeto del mundo, - Roberto, pescador de Ceiba- yo sé que usted tiene su fé, pero ¿no es peligroso andar por ahí, a la velocidad que van, con tanto mostro por ahí?-
- Hermano, Dios nos protegerá. De la mano de Él hemos caminado desde Salinas, en peregrinación por la isla dando a los más necesitados, algo para saciar su sed y su hambre, la fé en nuestro señor Jesucristo que pronto vuelve,, porque el fin se acerca, porque escrito está que...-
-¡Pastor! Agua pa' los sedientos y arroz pa' los que tienen hambre, porque Dios ya se llevó a los que quería.- dijo Marcial, cartero de San Lorenzo. Algunos de mis compañeros se rieron ante el comentario. Los feligreses que andaban con el pastor Reyes miraron atónitos al hombre.
-Hermano, nunca sobra la fé.
-Raúl, ¿los dejamos pasar?
-Revísen si alguno está enfermo, y si están bien, deja que pasen.- Le contesté.- Si quieren quedarse, hablen en la central-.
Media hora después estaban en camino por Daguao la iglesia del pastor Reyes. Mientras subían la carretera se escuchaba a su líder gritando.
- Como dice el Señor en Isaías: "Tus muertos vivirán; junto con mi cuerpo muerto resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío, cual rocío de hortalizas; y la tierra echará los muertos."
Los escuché hasta que se perdieron en la curva y pensé en su mensaje. Pero está equivocado, pastor. El fin no se acerca. Esto se acabó hace rato.
Ya estamos. Llevas varias semanas sin escribir . Ponte las baterias y ya!!!
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