4:35pm 9 de marzo de 2014:
Siempre odié las películas de zombies. Por alguna razón las balas en las películas eran eternas. El fornido protagonista siempre salvaba a la chica a fuerza de tiros. O la bella heroína luchaba contra todo villano con tiro va y tiro viene. Nada más lejos de la realidad.
Hoy hice mi primer arco y flecha. Una rama de bambú, la llanta rota de una bicicleta y cinta adhesiva negra conforman mi obra maestra. Las flechas son palitos de banderas de algún mitín político. La pistola la guardo para casos de extrema urgencia. Me quedan 23 balas en total. Y el machete, lo más cercano a un amigo que tengo, no es bueno para combate cuerpo a cuerpo. La infección, oí decir, se contrae al estar expuesto a los fluidos del infectado, y el más peligroso es la sangre. El machete hace regueros.
Al menos mi puesto no es tan fuerte. El puesto 0015, o “la puerta de atrás” como se refieren mofándose los comemierdas de la Central, es un puente estrecho que cruza sobre un río en la carretera #3. Inmediatamente después, están las ruinas de lo que fue el barrio Daguao, que el gobierno expropió y otorgó sus terrenos a los desarrolladores del proyecto “Cotton Bay”. Aunque el barrio luchó por sus derechos, el gobierno activó la fuerza de choque, utilizando como excusa la ley número 158 de 2010 que prohíbe la paralización de obras. Cuatro muertos, catorce heridos y treinta y dos arrestados, todos residentes del barrio fue el saldo que dejó la injusticia del gobierno.
Al año del suceso, comenzó la crisis de los “levantados”. Cotton bay quedó paralizado y un grupo retomó el barrio y formaron una barricada alrededor, creando una pequeña fortaleza. Se crearon 26 puestos; 15 de vigilancia, 5 de defensa y 6 para el resto de las necesidades de la comunidad, incluyendo el puesto 01, la Central, el centro de logística. Los ceros en los puestos denotan la posición, sin cero es al oeste, un cero es al centro, dos ceros es al este.
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Yo vivía en Caguas, trabajaba de guardia de seguridad y tenía novia. Mi vida era tranquila, mi trabajo era sencillo y mi relación, estable. Cuando empezaron los ataques mi novia estaba de turno, era enfermera. La tarde del 12 de junio de 2013, uno de los “muertos” se levantó, justo al momento en que ella le cambiaba la bata. Una compañera entró al cuarto y vio su cuerpo inerte, su sangre en las paredes y el enfermo desnudo comiendo…
Dejé todo durante el caos que siguió a la evacuación. Tomé algunas pertenencias, entre ellas mi arma de reglamento y me largué de allí. Transitar por las autopistas era casi imposible por los tapones y bloqueos y decidí tomar la carretera vieja. Dormí en la guagua, oculto en matorrales, en casas abandonadas, y tres semanas después llegué a Naguabo, un viaje que me hubiera tomado una hora en otro momento. Aquí escuché planes de entrar a lo que había sido Daguao, y me enlisté. Después de meses de trabajo arduo preparando las líneas de defensa, tomé como puesto el puente que ahora es mi segunda casa.
Y por aquí nadie pasa sin vérselas conmigo.

debo sentirme identificada? hay mucho en comun
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