10. Esperanza/Interrupción/Silencios

10:30 a.m. 16 de octubre de 2014

A más de tres meses y medio del último ataque al Puesto 0015, es difícil no tener esperanzas de que la pesadilla haya acabado. Entre los compañeros y compañeras del puesto hay una regla no escrita, y es que, aunque no se han bajado las defensas, no se habla de los zombies. Al momento de dar la ronda por el puente y el informe de los puestos cercanos, un frío recorre la columna, sin embargo, cuando salen todos negativos, el alivio que se siente ya no asombra.

Los días pasan lentos en el puesto, pero con una claridad irreal. Los momentos transcurren junto a un silencio que le dan a cada memoria la calidad de fotografía. Es posible ya sonreir sin avergonzarse. Las bromas y chistes han dejado atrás las voces nerviosas.

Mi ojo ya ha sanado por completo. Casi me he acostumbrado a andar viendo con uno solo, pero aún siento la otra mitad de la cabeza estorbándome. Para disparar el arco no he tenido problemas, pues siempre cerré un ojo.

A veces me averguenzo de sentirme aburrido. A cada rato el grupo se sienta a jugar dominó o lo que se pueda, pero cuando llevas tanto tiempo que lo que haces es pelear, cuando lo dejas de hacer lo extrañas. No digo que extr


9:05 p.m. 16 de octubre de 2014

Creca de las 11:15 a.m. de hoy, mientras escribía lo anterior, gritos de alerta se escucharon de afuera. Instintivamente agarré mi arco, las flechas y los machetes a corrí hacia el portón improvisado sobre el puente.Cuando salía de la casa que usamos como centro, me gritaron que subiera al techo. Al subir, no tuvieron que decirme que pasaba. Al otro lado del parque de pelota, subiendo por la autopista, venían.

Cientos, quizás miles de zombies, caminaban en silencio, el eco de sus pasos se confundían con el sonido de aquellos que se arrastraban. La horda caminaba con propósito, como si quisieran llegar a algún sitio en específico, contrario a los pequeños grupos que habían llegado hasta mi puesto. El terror nos sobrecogió.

El grupo se mantuvo callado, algunos lloraron en silencio. El terror y la desolación que sentíamos no nos dejaba siquiera preguntarnos qué había que hacer.

Bajamos del techo con el silencio que deja la esperanza cuando parte. Nos pesaba el corazón y sabíamos que para muchos, éste iba a ser el final.

Ser el líder no oficial del Puesto 0015, no era un puesto envidiable en ese momento. No fué por valentía que actué, sino por desesperación. Llamé al orden y pedí que los más rápidos fueran en bicicletas y alertaran a los demás puestos. Si nos movíamos ráapido tendríamos horas de adelanto y podríamos preparar una buena defensa. En el puesto hicimos barricadas con los autos que quedaban, empujándolos y movimos los lanzallamas a éstos. Pusimos todas las armas al alcance, y probamos las especiales, como El Tornado.
 Recalco lo dicho: Si Daguao cae, no será por mi puesto.

A las 4:30 p.m. llegaron mis mensajeros. Los comemierdas de la Central no les creyeron al principio y cuando llegaron mensajeros de otros puestos, entonces prestaron atención. Pidieron que enviaran personal a proteger el centro, porque la Central es más importante que los otros, y la gente que vive en los otros puestos, que se defiendieran como pudieran porque la Central estaba llena. O sea, que se jodan.

Envié a otros mensajeros a que recogieran a todos los que pudieran pelear y a los que no pudieran, que se escondieran en la casa que usamos como centro. A las 7:30 p.m. los últimos peregrinos bajaban la cuesta. Los machetes creaban sombras a la luz de antorchas improvisadas. El silencio y la espera se mantienen en el aire.

Si no vuelvo a escribir, sepan que uno de los últimos grupos de humanos saludables ha caído. Trataré como pueda de sobrevivir, pero también tengo que aceptar lo que venga. Lo que más me jode es morir sin saber lo que pasó, sin poder vengar a Alondra, a mi familia, al pueblo.

Y ésto no es una pesadilla. De las pesadillas te puedes despertar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario