3. Intento de escape

1:16 pm 20 de marzo de 2014

Si tenía alguna esperanza de salir de ésto, lo que atestigüé esta mañana la ha destruido.

Hoy era mi día libre de velar el puesto 0015. Decidí irme con un grupo a El Corcho, que aún no había sido destruido por los desarrolladores de Cotton Bay. De ahí llegamos a cayo Algodones, algunos en bote, otros, como yo, caminando, ya que hay un paso entre ambas costas en que el agua más profunda son 5 pies. Ya en cayo Algodones algunos se pusieron a pescar, otros a cazar iguanas. Aunque las iguanas no son difíciles de atrapar, mi arco se provó como un instrumento muy efectivo.

A dos horas de estar allí, surgió el tema de todos los días.
-Para mi que eso fué la influenza esa. Evolucionó y nos jodió a todos - dijo Mario, un ex-policía de Maunabo
-Obviamente fué la vacuna. En las noticias dijeron que los que se enfermaron primero fueron los que se vacunaron- respondió Carlos, panadero de Juncos.
-A mi no me interesa de donde salió.- respondí yo - Lo que quiero es sobrevivir.

Los demás me miraron y bajaron la cabeza. Sé que no soy el más popular de la comunidad, pero ¿qué importaba saber de dónde vino? Lo necesario era mantenernos con vida.

Cuando llegamos donde el otro grupo, discutían sobre si era cierto o no que en las islas municipio Vieques y Culebra no había infección.
-A Vieques no había llegado la vacuna cuando empezó esta mierda.-
-No importa, ¿que vas a hacer? ¿Arriesgarte el paso, para que cuando llegues los cabrones zombies te muerdan la cabeza?
-No pierdo nada, aquí van a entrar cuando menos lo esperes.-

Todos nos miramos los unos a los otros. En los ojos de Chenchi, el dueño del bote, se asomó un destello de deseperación y decisión.
-Quien quiera venir, que se monte ahora.-
Un coro de voces se unieron en objeciones. Tu eres loco. Te vas a matar. Pero nadie hizo mella. Subió al bote Miguel, el idiota de la villa, y se largaron al mar. Le gritamos que volvieran, pero no hicieron caso.

A los diez minutos vimos un reflejo blanco ir hacia ellos a gran velocidad. Hasta el cayo llegaron los llamados de la Guardia Costanera.
-Esta es la Guardia Costanera. Apaguen el motor de su bote, o den vuelta hacia la playa.-
El llamado cayó en oídos sordos. Chenchi continuó su camino, desesperado, hacia Vieques.
-Repito: Esta es la Guardia Costanera. Apaguen el motor de su bote, o den vuelta hacia la playa.-
Chenchi siguió su huida. Los Guardacostas no repitieron más. En la proa del bote aparecieron tres guardias armados con rifles, posiblemente M4. Con la frialdad de su entrenamiento dispararon al bote ráfagas de balas, matando al instante a sus ocupantes. Cuando terminaron de disparar, uno sacó algún tipo de bomba incendiaria y la tiró al pequeño bote, quemando al instante los cuerpos de quienes hasta hace segundos habían sido Chenchi y Miguel.

Los demás nos habíamos escondido entre la maleza esperamos a que los guardacostas se perdieran en el horizonte. Tomamos nuestro equipo y presas y volvimos a Daguao en silencio. Los que trabajaban en los puestos cercanos al resto de la gente se quedaron y contaron lo ocurrido a los líderes. El resto, yo incluído, seguimos el camino sin hablar, cada uno quedándose en su puesto o casa sin despedirse de nadie. Al final, llegué solo a mi casa y me encerré.

Algo sabe el gobierno de lo que pasó. Esa fuerza bruta era muy ordenada. Algo saben. Ahora yo quiero saber.

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